El profesor Toshiro Kanamori lleva a cabo una revolución educativa. Es el protagonista y creador de la pedagogía para ser feliz. Quiere que sus alumnos experimenten en sus propias carnes la empatía. ¿Se aceptaría en nuestra sociedad que nos enseñasen preferiblemente a ser felices antes que unas asignaturas académicas "útiles" de verdad? Para ello, lleva a cabo una serie de actividades en las que los estudiantes muestren sus emociones y se las transmiten a los demás y se intenten poner en su lugar. Explica que sólo tenemos una vida y que debemos vivirla con alegría, pero que la felicidad no conste en busca el beneficio propio, sino aprendiendo a pensar en los demás. Así quiere preparar la senda hacia un mundo mejor.
Utiliza el método conductista mezclado con los contenidos educativos propios de la enseñanza infantil. Es el profesor de la empatía, hace reflexionar a sus alumnos de cómo deben reaccionar ante las situaciones de los otros. Ponerse en el lugar de los demás a la hora de intentar entenderlos. Toshiro Kanamori educa a los niños desde un ambiente de respeto absoluto entre los niños, de empatía. Les otorga voz y les permite opinar tratándoles como las personas que son, dejándoles la libertad necesaria para que desarrollen su individualidad y con ella, su creatividad.
Se trata de un modelo educativo mezcla del conductista y del procesual, ya que incide en el comportamiento del niño frente a diferentes situaciones y se centra en el desarrollo del niño. Se basa en un aprendizaje activo en el que según nos muestra el vídeo, los propios niños imparten la clase contando sus experiencias e historias y trasmitiendo a sus compañeros cómo se sintieron en ese momento. El objetivo de sus clases es ser felices y aprender a pensar en los demás. Mirándolo desde nuestra propia cultura y sistema, se trata de una revolución pedagógica en busca de un mundo mejor. Defiende que sólo tenemos una vida y que debemos vivirla con alegría, pero que la felicidad no consiste en buscar únicamente el beneficio individual sino en aprender a pensar en los demás.
“¿Para qué estamos aquí? ¡Para ser felices!” Kanamori.
Para llevar a buen puerto esta búsqueda de la felicidad, Kanamori sostiene que hay que potenciar la creatividad. Para ello, el propio profesor ha creado un sistema denominado “Las cartas del Cuaderno” en el que tres alumnos escriben cada día una carta a sus compañeros explicando una vivencia propia que les haya hecho sentir y es leída en alto delante de los demás. Este método lo creó para que los chicos expresaran sus sentimientos y para que los demás niños desarrollaran su empatía y se identificaran con el protagonista de la historia.
Personalmente, esta historia me llenó. Toda la vida hemos estado siguiendo una enseñanza recta y cuadriculada en la que tenías que estar al 100% en cada momento y en el que el profesor a veces ni sabía tu nombre. ¿Cómo puedes evaluar un proceso si no lo sigues atendiendo todos los factores, sólo fijándote en los resultados numéricos? Quizás este profesor tenga que hacer reflexionar a los nuestros y hacer que actúen en beneficio de nuestro futuro y en definitiva, nuestra felicidad.
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